Poesía

Saco

Aún recuerdo la primera vez que te vi.
Yo estaba asustada.
Solo era un saco de piel y huesos
y temblaba de frío y miedo.
Te acercaste, sentí tu mirada
cálida, tu mano en mi hocico,
noté tu calor.
Abriste una ventana nueva en mi mundo,
aún así seguía temblando.
Temblaba mientras limpiabas
las pulgas que se alojaban entre mi pelo.
Temblaba cuando me pedías
que caminara a tu lado.
Temblaba al recordar los golpes y
los gritos.
Hasta que me educaste en la confianza
y me devolviste la fe.
Hasta que, pacientemente,
me enseñaste que vosotros,
a veces, también sentís miedo.
Que vosotros, a veces,
también necesitáis asistencia.

Hasta que me enseñaste a ayudar.
¿Cómo no te voy a estar agradecida?
¿Cómo podría no mirarte con amor?
Me llamaste Saco
porque el miedo me paralizaba,
apenas me atrevía a caminar
y más de una vez
en vista de que yo no me movía
tú me tenías que arrastrar.
“Pareces un saco” -decías.
Un saco de pulgas, un saco de miedos,
un saco lleno de inseguridad.

Aún recuerdo la primera vez que te vi.
Estaba muy asustada y tú
con paciencia y cariño me enseñaste
a sonreír.
Hoy son tuyas mi sonrisa,
y mi eterna gratitud.

Eva García Madueño.

A Saco (un ser muy especial)

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Poesía

Más allá

Más allá de los regalos y las luces
del frío y de la lluvia,
de la nieve y la tormenta,
de la envidia y la maldad.

Más allá de los horrores de la guerra,
del hambre del refugiado,
del deshaucio y la pobreza,
del niño sin hogar.

Más allá del politico corrupto,
de la crisis y la miseria,
del anciano y la enfermedad.

Más allá de la riqueza y la pobreza
en el corazón habita
la esencia de la bondad.

Renace el amor en el mundo,
la ilusión en el niño,
la compasión en el hombre,
la alegría compartida.

La voluntad de amar.

Imagina que esta llama
permanece encendida,
y el crepitar de las brasas
resuena sobre la nieve

de la vanidad, licuando las injusticias,deshaciendo las envidias,
suscitando el deseo de crear.

Crear una onda expansiva
de amor puro y perpetuo

para que nunca se extinga

la esencia de la navidad.

Regala Amor y Paz. Siempre.

Eva García Madueño.

Poesía

Mi madre tenía un lunar

Mi madre tenía un lunar, pero no un lunar cualquiera. El lunar de mi madre era de color azul. Era un lunar tatuado sin querer. Un lunar de tinta china. Contaba mi madre que alguien -no recuerdo quién- pinchó con una pluma su rostro, cerca de la comisura de los labios, justo en ese lugar en el que las artistas de la época se dibujaban uno a propósito, para estar más bellas. A ella no le hacía falta, pero ahí estaba y estuvo con ella durante toda su vida.
A veces pienso si no será la tinta inyectada en la sangre de mi madre la que hoy corre por mis venas y me empuja a escribir, sin parar.

Eva G. Madueño

-Margaritas en el mar-

https://www.libreriarayuela.com/es/libro/margaritas-en-el-mar_4270010050

Poesía

Si algún día

Si algún día dejara de soñar(te)
abrázame tan fuerte
que vuelva a recordar.
Susúrrame al oido
aquella melodía.

Y mírate en mis ojos.

Proyéctate en ellos hasta que mis labios
vuelvan a pronunciar tu nombre.

Eva G.

Poesía

Piel de olivo

Descansar a la sombra del olivo,
acompasar nuestra respiración.
Sentir tu mirada profunda,
tu cercanía,
la caricia de tus manos
en mi piel,
la cálida humedad de tu lengua
sobre la mía.

Beber el dulce nectar de tus labios
-la fruta más jugosa-
hasta saciar nuestra sed.

Y respirar el aroma del campo
fundido en nuestros cuerpos
hasta el atardecer.

Eva G.

Poesía·Reflexiones·Relatos

Teoría de la luz

La niña se oculta entre las sombras,
abiertas las manos y el corazón,
la mirada fija en el horizonte.
Los brazos extendidos.

Quiere abrazar la luz que se derrama
a través del incendio del crepúsculo.
La casa ya no se ve tan inmensa,
ni ella tan pequeña.

Los recuerdos se ahogan en el tiempo,
su sonrisa disuelve el abandono,
y el perdón transmuta la soledad
en comprensión y amor.

Eva G.