Poesía

Saco

Aún recuerdo la primera vez que te vi.
Yo estaba asustada.
Solo era un saco de piel y huesos
y temblaba de frío y miedo.
Te acercaste, sentí tu mirada
cálida, tu mano en mi hocico,
noté tu calor.
Abriste una ventana nueva en mi mundo,
aún así seguía temblando.
Temblaba mientras limpiabas
las pulgas que se alojaban entre mi pelo.
Temblaba cuando me pedías
que caminara a tu lado.
Temblaba al recordar los golpes y
los gritos.
Hasta que me educaste en la confianza
y me devolviste la fe.
Hasta que, pacientemente,
me enseñaste que vosotros,
a veces, también sentís miedo.
Que vosotros, a veces,
también necesitáis asistencia.

Hasta que me enseñaste a ayudar.
¿Cómo no te voy a estar agradecida?
¿Cómo podría no mirarte con amor?
Me llamaste Saco
porque el miedo me paralizaba,
apenas me atrevía a caminar
y más de una vez
en vista de que yo no me movía
tú me tenías que arrastrar.
“Pareces un saco” -decías.
Un saco de pulgas, un saco de miedos,
un saco lleno de inseguridad.

Aún recuerdo la primera vez que te vi.
Estaba muy asustada y tú
con paciencia y cariño me enseñaste
a sonreír.
Hoy son tuyas mi sonrisa,
y mi eterna gratitud.

Eva García Madueño.

A Saco (un ser muy especial)

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