Poesía·Reflexiones·Relatos

Teoría de la luz

La niña se oculta entre las sombras,
abiertas las manos y el corazón,
la mirada fija en el horizonte.
Los brazos extendidos.

Quiere abrazar la luz que se derrama
a través del incendio del crepúsculo.
La casa ya no se ve tan inmensa,
ni ella tan pequeña.

Los recuerdos se ahogan en el tiempo,
su sonrisa disuelve el abandono,
y el perdón transmuta la soledad
en comprensión y amor.

Eva G.

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Poesía

Si algún día

Si algún día dejara de soñar(te)
abrázame tan fuerte
que vuelva a recordar.
Susúrrame al oido
aquella melodía.

Y mírate en mis ojos.

Proyéctate en ellos hasta que mis labios
vuelvan a pronunciar tu nombre.

Eva G.

Poesía

Piel de olivo

Descansar a la sombra del olivo,
acompasar nuestra respiración.
Sentir tu mirada profunda,
tu cercanía,
la caricia de tus manos
en mi piel,
la cálida humedad de tu lengua
sobre la mía.

Beber el dulce nectar de tus labios
-la fruta más jugosa-
hasta saciar nuestra sed.

Y respirar el aroma del campo
fundido en nuestros cuerpos
hasta el atardecer.

Eva G.

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Azul

En el azul -mar-

reposan las cenizas

de tu cuerpo marchito,

en el azul -cielo-

tu alma de mujer vuela en libertad,

en el azul -mirada- persiste tu recuerdo,

madre, tu caminar por la vida,

la calidez de tu carne,

el dulce olor de los senos

sustento de mi niñez.

En el caudal de mis venas

fluye sin tregua

la esencia de tu sangre,

el rojo latido

de tu corazón.

Eva García Madueño.

-A mi madre.

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Insomnio

El sueño se esconde, huye como un ladrón,

se oculta al otro lado de la luna.

Una parte del mundo palpita

entre luces de neón, música

y alcohol.

He visto caricias vendidas

bajo el juego de luces a ritmo de bachata, miradas furtivas entre los acordes

de alguna vieja canción y risas

al compás del Rock&Roll.

Sin embargo esa es solo una parte

del viejo mundo.

Hay más, mucho más.

Mujeres que mueren a manos de sus “parejas”, niños despojados de infancia

y un sinfín de razones enterradas

-en la conciencia-

que emergen en medio de la oscuridad, desterrando el sueño, haciéndolo huir, impidiendo que lo atrape, o incluso,

-cuando al fin aparece-

proyectando imágenes que reflejan

la inquietante superficie

de otra cruda realidad.

Eva García Madueño.

“Insomnio”