Poesía·Reflexiones·Relatos

Teoría de la luz

La niña se oculta entre las sombras,
abiertas las manos y el corazón,
la mirada fija en el horizonte.
Los brazos extendidos.

Quiere abrazar la luz que se derrama
a través del incendio del crepúsculo.
La casa ya no se ve tan inmensa,
ni ella tan pequeña.

Los recuerdos se ahogan en el tiempo,
su sonrisa disuelve el abandono,
y el perdón transmuta la soledad
en comprensión y amor.

Eva G.

Poesía

IMAGINA

Amanecieron los parques precintados,
envueltos en un silencio opaco,
ausentes de sonido y luz.

Amanecieron cerrados los comercios
recogidas las olas a la orilla del mar.

Amanecieron las calles desiertas,
las plazas abiertas a la muerte,
los hospitales luchando por la vida.
las personas recluidas.

El miedo instalado en las aceras,
en el aire,
en las manos del amigo,
en el abrazo…

El mundo se detuvo para volver a nacer.
Y nació en el ocaso una lluvia de aplausos,
cientos de luciérnagas brillaron
en los albores de la humanidad.

La solidaridad creció al ritmo
de una vieja canción.

“Imagina a todo el mundo
viviendo el presente.
Imagina que no hay países.”
Imagina que no hay fronteras.

“Dirás que soy una soñadora
pero no soy la única.”

Imagina un mundo entero vibrando,
cantando y rezando,
ofreciendo sus manos en la distancia,
compartiendo su corazón.

Valorar la caricia del sol,
el trocito de cielo,
la mirada de la cajera,
admirar la labor de cada persona

y agradecer que amanece un día más.

Volverán las risas de los niños
a llenar los parques de luz.
Volverán los abrazos y los besos,
los recitales y conciertos.

Brotarán margaritas y amapolas
y volverán las olas a la orilla del mar.

Eva García Madueño.20181020_162558.jpg

Poesía

Te pronuncio

Te pronuncio
en el silencio infinito de la noche
donde mueren las constelaciones
y el día se llena de sombras.

Un murmullo de agua cristalina,
arrullo de luz y vida,
crece como marea.

Te pronuncio
y el verbo se hace eco
dentro de mí.

Eva García Madueño.

Poesía

La memoria de las nubes

Caprichosas me acechan
las nubes cárdenas de la memoria.
Se acercan sigilosas
deshojando recuerdos.

Una a una desgranan
las horas habitadas por las alondras;
sobrevuelan el tiempo
de nuestro lago azul.

Allí donde tus manos
-curiosas- exploraban el mapa de mi cuerpo
y tu lengua insaciable recorría con urgencia
el manantial infinito de mi piel.

Eva García Madueño

Poesía

Otoño

Otoño es introspección,
dejarse caer hacia dentro,
remover las cenizas del tiempo
y rescatar, recuperar la consciencia.

Penetrar en el interior de la caverna
avanzar sin miedo en la oscuridad,
sumergirse en las profundidades
y beber, beber del fresco manantial.

Saciar esta sed que me consume
esta sed que se agarra a mi pecho,
que consume mis venas,
que seca mis arterias.

Beber, y esperar los brotes verdes
que marcarán -como siempre-
el inicio de la primavera.

Eva García Madueño

Poesía

Sin mí (sin ti)

Incompleta
Cómo árbol desprovisto de luz.
Hoja seca desprendida de la rama
antes del anochecer.

Desprotegida
cómo alondra sin alas
arrancada de un nido
deshabitado y frío.

Abandonada.
Cómo madera sin barco,
desabrigada y rota,
víctima de la tempestad.

Vacía.
Cómo libro sin palabras
poema ausente de versos
metáfora de la incertidumbre
y la incomprensión.

Árida tierra sedienta
de unas gotas de lluvia
que empapen la frágil semilla
que permanece en silencio
y tiembla en la oscuridad.

Eva García Madueño

Poesía

PRiSA

Asistir sin prisa al nacimiento de la luz,

al despertar de las primeras gotas
de lluvia, al vuelo del vencejo.
Saborear sin prisas
la primera taza de café,
degustar el aroma
del pan recién horneado,
tomar conciencia
-despacio y en silencio-
de las maravillas de un nuevo día.
Olvidar el concepto del tiempo
abarcar la totalidad del cosmos
en una sola respiración.
Respirar sin prisas pero sin pausas, conectar con el presente.
Agradecer el milagro de la vida
Renacer.
Eva García Madueño
Poesía

Sin equipaje

Permanece sentado entre las sombras
la mirada perdida en su interior,
allí donde los ecos de la memoria
guardan los escombros de un hogar.

Extraviado el equipaje en el camino
no le queda más que una gastada manta
y algunas migajas de compasión
para calmar -un poco- su dolor.

En este inacabado viaje a Itaca
se han marchitado las amapolas,
unas nubes cargadas de tormenta
acechan en el horizonte.

Y allí donde los sueños se apagan
bajo el fuego del ocaso
-como una inmensa y fría sombra-
se alza su realidad.

Eva G.